Investigadores de la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI) y del Instituto Weizmann establecieron que fue una crisis climática la razón que llevó a los reyes de Judá a construir una presa monumental en Jerusalén hace unos 2800 años.
El enorme muro, descubierto en las excavaciones del estanque de Siloé, en el Parque Nacional de la Ciudad de David, data del 795 al 805 antes de la era cristiana, durante los reinados de los reyes Joás o Amasías de Judá.
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La presa parece haber sido construida en respuesta a la grave escasez de agua causada por los desafíos climáticos, señalaron los expertos israelíes.
Esta estructura recién descubierta se une a otros dos sistemas hídricos del mismo período: una torre que represaba el manantial de Gihón y un canal que conducía sus aguas al estanque de Siloé, donde se unieron a las aguas de la inundación bloqueadas por la presa.
Esos sistemas, afirmaron desde la AAI, reflejan una planificación urbana integral para la gestión del suministro de agua de Jerusalén desde finales del siglo IX antes de la era cristiana, «una clara evidencia de la fortaleza y la sofisticación de la ciudad».
La presa más grande de la historia de Israel
Los directores de la excavación -Nahshon Szanton, Itamar Berko y Filip Vukosavović- dijeron que se trata de la presa más grande jamás descubierta en Israel y la más antigua hallada en Jerusalén.
«Sus dimensiones son notables: unos 12 metros de alto, más de ocho metros de ancho y la longitud descubierta alcanza los 21 metros, extendiéndose más allá de los límites de la excavación actual», especificaron.
Teniendo en cuenta los restos descubiertos en la zona, la presa fue diseñada para recoger las aguas del manantial de Gihón, así como las aguas de las crecidas que descendían por el valle principal de la antigua Jerusalén (el histórico valle del Tiropeón) hasta el arroyo de Cedrón.
De esa manera, la obra ofrecía una doble solución tanto para la escasez de agua como para las inundaciones repentinas.
Según el doctor Szanton, está claro que el gigantesco proyecto de construcción real «influyó en el desarrollo de la ciudad, en particular de sus zonas sur y oeste, incluido el Monte Sión, que dependían de las aguas del estanque de Siloé».
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Todos los datos, señalaron la doctora Johanna Regev y la profesora Elisabetta Boaretto, del Weizmann, apuntan a «un período de escasas precipitaciones en la Tierra de Israel, intercalado con tormentas cortas e intensas que podían causar inundaciones».
«De ello se deduce que el establecimiento de estos sistemas hídricos a gran escala fue una respuesta directa al cambio climático y a las condiciones áridas, que incluyeron inundaciones repentinas», completaron las expertas.













