El ex presidente estadounidense James Jimmy Carter, un amigo de Israel y los judíos en los hechos pero un crítico muchas veces injusto desde las palabras, falleció este domingo en su hogar en Plains, en Georgia, a los 100 años de edad y rodeado de su familia.
“Mi padre fue un héroe, no solo para mí sino para todos los que creen en la paz, los derechos humanos y el amor desinteresado”, dijo Chip Carter, hijo del ex presidente.
También le puede interesar: Israel y Estados Unidos, una relación más allá del presidente de turno
A través de un comunicado, el Centro Carter anunció que se llevarán a cabo ceremonias públicas en Atlanta y en la ciudad de Washington, seguidas de un entierro privado en Plains.
Los preparativos finales para el funeral de estado del presidente Carter, incluidos todos los eventos públicos y las rutas de la caravana, «aún están pendientes», apuntó la organización.
Hijo de un rico hacendado productor de maníes, Carter cumplió un mandato como gobernador de Georgia y fue presidente de Estados Unidos entre 1977 y 1981, un solo mandato que fue cortado por la derrota electoral ante el republicano Ronald Reagan.
Un difícil equilibrio entre fe y política
A pesar de haber nacido en el seno de una familia segregacionista del sur norteamericano, Jimmy Carter fue reconocido desde joven por su progresismo y su defensa de los derechos de sus compatriotas negros.
Mientras buscaba equilibrar su profunda fe cristiana con sus convicciones políticas liberales, el ex presidente demócrata llegó a la Casa Blanca como un remedio para el cansancio de los estadounidenses tras el escándalo de Watergate.
El 20 de enero de 1977 inauguró su mandato y dos años después, en marzo de 1979, encabezó la firma del acuerdo de paz entre Israel y Egipto, después de negociar los acuerdos de Camp David.
Para seguir leyendo: El día que Hezbollah humilló a los Marines en Beirut
Ese tratado histórico inauguró una era de paz con el país vecino que se mantiene -aunque tibia- hasta la actualidad. Sin embargo, se puede considerar que el entendimiento con Egipto abrió el camino a otros tratados, como el de Jordania en 1994 y los Acuerdos de Abraham.
Las tratativas de Camp David junto al entonces presidente egipcio, Anwar Sadat, y el primer ministro israelí, Menahem Begin, y la firma de la paz en la Casa Blanca marcaron un enorme éxito diplomático para Carter.
Pero una economía en recesión, unos niveles de popularidad internos que no levantaban vuelo y, especialmente, la crisis de los rehenes en Irán, perforaron su posición y lo llevaron a la derrota frente al ascendente Reagan, quien se convertiría en un líder global de la derecha.
Desastre en Irán
El 4 de noviembre de 1979, militantes de la revolución islámica que tomó el poder en Irán de la mano del ayatollah Khomeini entraron a la embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron como rehenes a los funcionarios estadounidenses en el interior del edificio.
Como era de esperarse, los estadounidenses apoyaron a Carter, pero todo cambió en abril de 1980, cuando una incursión de comandos no logró rescatar a los rehenes y ocho soldados estadounidenses murieron en un accidente aéreo en el desierto iraní.
Después del triunfo de Reagan, el ex presidente fundó en 1982 en Atlanta el Centro Carter en Atlanta, una organización que se hizo conocida alrededor del mundo por su tarea en el frente de los derechos humanos y el monitoreo de elecciones internacionales.
Frases desafortunadas
En las últimas décadas de su vida, Carter se transformó en un intenso defensor de los palestinos, llegando incluso a acusar a Israel de ejercer un sistema de apartheid y, prácticamente, de ser responsable de todos los males de Medio Oriente.
Su polémico libro Palestine: Peace Not Apartheid, publicado en el 2006, generó durísimas respuestas de funcionarios y sostenedores de Israel enfurecidos por los comentarios de Jimmy Carter.
También le puede interesar: Un ex gobernador pro-israelí será el embajador de Trump en Jerusalén
El libro contenía incluso «una desafortunada frase» que «implicaba que el terrorismo debía continuar hasta que Israel aceptara los objetivos de la ‘hoja de ruta’ para la paz con los palestinos», recordó el portal judío estadounidense Forward.
Según la publicación, «Carter admitió más tarde» que la redacción de esa frase era «completamente impropia y estúpida» y que sería revisada en futuras ediciones.
Sin embargo, Carter nunca pidió a sus editores que corrigieran los errores. De hecho, el libro llevó a catorce miembros judíos del Centro Carter a renunciar a sus puestos.
Esos antiguos aliados, precisó Forward, «criticaron a Carter por sus escritos, que eran ‘sesgados, inexactos, engañosos y omitían hechos históricos clave'».
Uno de esos ex miembros del Centro Carter, el historiador Kenneth Stein, criticó a Carter por publicar un libro «repleto de errores de hecho, materiales copiados que no se citan, superficialidades, omisiones flagrantes y segmentos simplemente inventados».
La «menorá nacional»
Pero la misma nota necrológica del portal enfatizó que, «a pesar de algunas declaraciones cuestionables, Carter hizo mucho por el pueblo judío».
Por ejemplo, además de impulsar los Acuerdos de Camp David, el presidente número 39 de Estados Unidos puso en marcha el Museo del Holocausto en Washington y la ahora tradicional ceremonia anual de encendido de la menorá nacional en la capital norteamericana.
También durante el mandato de Jimmy Carter se aprobó la Ley de Boicot Antiárabe a Israel, de 1977, que prohibía a las empresas estadounidenses sumarse a esa iniciativa anti-israelí.













