Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) recuperaron el cuerpo del sargento de policía Ran Gvili, el último de los secuestrados del 7 de octubre del 2023 que seguían en Gaza, pero analistas en el país se preguntan si realmente terminó la guerra que estalló tras aquel ataque.
Gvili cayó combatiendo en el kibutz Alumim contra los terroristas de Hamas y de otros grupos islamistas que invadieron el sur del país en esa trágica mañana. Su cuerpo fue arrastrado por los agresores y enterrado en un cementerio islámico en Gaza, donde fue hallado por las FDI.
La recuperación de Ran Gvili, que volvió a Israel el lunes de esta semana, representa «un doloroso cierre» para más de dos años de conflicto, pero «también puso de relieve una profunda disonancia», aseguró la analista Sarit Zehavi, del centro de investigación Alma.
«Algunas voces sugieren que la guerra ‘terminó'», pero «el sentimiento en Israel es muy diferente: los frentes que nos rodean siguen peligrosamente activos, y las amenazas están lejos de ser neutralizadas», advirtió la especialista.
Engaños y desconexiones
Zehavi compartió un inquietante cuadro de los varios frentes que, a su juicio, se mantienen activos para Israel:
Para comenzar, en Gaza existe «una profunda desconexión entre la visión» de la fase dos del plan de paz que impulsa el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que incluye la reconstrucción y el desarme de Hamas, «y la realidad sobre el terreno», señaló la analista.
Para Zehavi, está bien claro que Hamas «rechaza explícitamente el desarme». Además, apuntó, Israel «facilita la entrada de más de 600 camiones de ayuda humanitaria diariamente, mientras que la necesidad real de alimentar a la población se estima en unos 150 camiones».
Se trata, alertó, de un «enorme excedente» que «alimenta a Hamas» y «permite su regeneración».
Si las FDI se retiran del enclave palestino ahora, remarcó, «corremos el riesgo de volver al punto de partida: enfrentarnos a un ejército terrorista rehabilitado justo al otro lado de la valla» fronteriza.
En el sur del Líbano, donde opera otro grupo islamista patrocinado por el régimen de Teherán, Hezbollah, «el engaño es profundo», ya que los fundamentalistas se niegan a desarmarse y el ejército libanés no está dispuesto a confrontarlos.
«En cambio, vemos evidencia de una colusión activa», apuntó la experta, según la cual los militares que responden al gobierno central en Beirut incluso «se coordinan con Hezbollah para ocultar armas y despejar espacios antes de que se realicen las ‘inspecciones'».
«No hay un desarme sistemático al sur del río Litani en el Líbano, solo una peligrosa farsa», mientras que, en Siria, el presidente Ahmed Al-Sharaa «está consolidando un estado islamista basado en la ideología de Al-Qaeda justo en nuestra frontera, lo que dificulta cada vez más cualquier futuro acuerdo de seguridad y posibles concesiones israelíes».
El problema iraní
Finalmente, la sombra que se cierne sobre todo el conflicto regional: la cuestión iraní. Zehavi recordó que los israelíes apoyan al pueblo iraní y esperan «la caída del brutal régimen» que masacró, según algunos informes, a 30.000 de sus propios ciudadanos en pocos días.
«Los israelíes comprendemos el precio que podríamos pagar» si Estados Unidos ataca Irán, posiblemente en forma de bombardeos de misiles balísticos sobre nuestras ciudades, reconoció la analista.
De hecho, mientras se despliegan importantes recursos militares del Pentágono en la región, «se paralizó la vida cotidiana en Israel en ciertos aspectos»: los ciudadanos dudan en planificar bodas o reservar vuelos, sabiendo que las decisiones que se tomen en Washington en los próximos días dictarán nuestra realidad.
«Sin embargo, comprendemos aún más claramente el precio mucho más alto de la alternativa»: un régimen iraní que sobreviva, reconstruya su capacidad nuclear y de misiles (esta última con el apoyo de China) y rearme a sus aliados para la próxima ronda de guerra, completó Zehavi.












