Científicos de la Universidad Ben-Gurion del Negev, en el sur de Israel, descubrieron cómo el envejecimiento altera el metabolismo de un aminoácido clave en el cerebro, el triptófano, y cómo esta alteración afecta el sueño, el estado de ánimo y la memoria.
Los resultados del estudio, que fueron publicados en la revista especializada Nature Communications, abren una nueva vía para tratar enfermedades neurodegenerativas y trastornos relacionados con la edad, afirmaron los investigadores.
El equipo, liderado por la profesora Deborah Toiber, identificó que la proteína SIRT6, asociada a la longevidad, regula cómo el cerebro utiliza el triptófano, que no solo ayuda a dormir, sino que también participa en la producción de energía y neurotransmisores esenciales como la serotonina y la melatonina.
En cerebros envejecidos o afectados por enfermedades neurológicas, ese equilibrio se pierde. La investigación mostró que la falta de SIRT6 provoca que el triptófano se desvíe hacia rutas que generan sustancias potencialmente neurotóxicas, mientras disminuye la producción de neurotransmisores protectores.
Los experimentos, realizados en moscas, ratones y modelos celulares, revelaron que inhibir la enzima TDO2 en modelos sin SIRT6 permitió revertir el deterioro motor y otros daños cerebrales, lo que sugiere una ventana terapéutica prometedora.
«Nuestro estudio posiciona a SIRT6 como un objetivo clave para el desarrollo de tratamientos contra patologías neurodegenerativas«, señaló la profesora Toiber.
Una historia de descubrimientos
Esta investigación continúa la línea de trabajo de Toiber sobre SIRT6, proteína que ya se había identificado como crucial en la reparación del ADN y en la protección contra el envejecimiento patológico.
Estudios previos demostraron que ciertos daños genéticos asociados a la edad podrían revertirse, por ejemplo, mediante restricción calórica o intervenciones dirigidas a genes específicos.
En el futuro, un test basado en cambios en estos genes podría indicar si un cerebro se dirige hacia un envejecimiento saludable o hacia patologías como Parkinson o Alzheimer, lo que permitiría desarrollar terapias más precisas y personalizadas.













