Investigadores del centro médico Sheba, ubicado en la periferia de Tel Aviv, en Israel, y considerado uno de los mejores hospitales del mundo, descubrieron un sencillo método que puede evitar uno de los principales riesgos que corren las mujeres durante el parto.
El estudio, que se llevó a cabo con la participación de más de 15.000 madres, encontró una asociación significativa entre niveles bajos de fósforo en la sangre de las mujeres que dan a luz y un mayor riesgo de hemorragia potencialmente mortal.
La hemorragia posparto es un sangrado más abundante de lo normal después del nacimiento de un bebé y afecta a entre una y cinco de cada cien madres. Es más frecuente en las cesáreas y suele suceder después de la expulsión de la placenta, pero también puede ocurrir más tarde.
Según explican los especialistas, perder una gran cantidad de sangre rápidamente puede causar un descenso grave en la presión arterial. Si se deja sin tratar, esto puede causar un shock y la muerte, alertan.
Además, en el caso del bebé, un sangrado masivo durante el parto puede provocar un malestar fetal agudo debido a una disminución del suministro de oxígeno y sangre al útero en la etapa crítica.
Los investigadores del Sheba recordaron que hasta ahora se conocían algunos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sangrado, como un útero grande tras un embarazo múltiple, un feto de alto peso, un parto prolongado o postérmino.
Pero los biomarcadores que predecían el riesgo con antelación eran muy limitados, y la capacidad del personal médico para predecir quién desarrollaría hemorragias era solo parcial, señalaron los expertos.
Un factor fosfato
El nuevo estudio implementado para afrontar este problema incluyó pruebas de fosfatos sanguíneos durante los cinco días previos al nacimiento. Las mujeres se dividieron en dos grupos de acuerdo a los niveles de fosfato.
Los resultados mostraron que las mujeres con niveles particularmente bajos de fosfato tenían un 40 por ciento más de riesgo de sufrir hemorragia posparto, incluso tras ajustar estadísticamente por variables adicionales.
Citada por el diario Maariv, la líder del estudio, la doctora Lital Shaham, destacó que el fosfato «desempeña un papel fisiológico esencial en la contracción del músculo uterino, que es un proceso esencial para detener el sangrado tras el parto».
«Cuando los niveles de fosfato son bajos, el útero puede no contraerse correctamente, aumentando el riesgo de hemorragias potencialmente mortales«, resaltó la investigadora israelí.
Estos hallazgos, continuó, «subrayan la importancia de detectar a tiempo la deficiencia de fosfatos antes del nacimiento y proporcionar tratamientos sencillos que puedan salvar vidas«.
Se trata, completó Shaham, de «un paso médicamente significativo con un gran potencial para mejorar la seguridad de nacimiento para miles de mujeres cada año».













