La falta de sueño afecta nuestro cerebro más de lo que imaginamos y dormir es clave para proteger nuestras neuronas: un estudio de una universidad israelí reveló que esta función esencial surgió hace cientos de millones de años en medusas y anémonas y sigue siendo vital para la salud humana hoy.
Aunque dormir puede parecer un «riesgo» —los animales pierden alerta y quedan expuestos a depredadores—, la investigación demostró que su función primordial, la de proteger las neuronas y el ADN del daño celular, apareció muy temprano en la evolución y persiste hasta los humanos por su importancia crítica.
Investigaciones previas del laboratorio del profesor Lior Appelbaum (uno de los líderes del estudio, de la Universidad Bar-Ilan) habían mostrado en peces cebra que las neuronas acumulan daño en el ADN durante la vigilia y necesitan dormir para repararse. La reducción del daño en el ADN, remarcaron, es un objetivo fundamental del sueño.
El daño en el ADN puede surgir por la actividad neuronal, estrés oxidativo, metabolismo o radiación, y aunque es perjudicial para todas las células, las neuronas requieren dormir para enfrentar estas agresiones al genoma.
Patrones de sueño en animales antiguos
En la nueva investigación, los doctores Raphael Aguillon y Amir Harduf caracterizaron los patrones de sueño de dos linajes animales antiguos: medusas diurnas que duermen de noche y hacen siestas breves al mediodía, y anémonas crepusculares que duermen desde el amanecer hasta la primera mitad del día.
Usando video infrarrojo y análisis de comportamiento, los investigadores observaron que ambos animales duermen alrededor de ocho horas diarias, una duración similar al sueño humano.
A pesar de sus diferencias en estilo de vida y regulación del sueño, ambos comparten un patrón clave: el daño en el ADN neuronal se acumula mientras están despiertos y disminuye durante el sueño.
Cuando los animales eran privados de sueño y el daño aumentaba, luego dormían más, un fenómeno conocido como sueño compensatorio.
Una relación bidireccional entre sueño y reparación neuronal
Además, incrementar el daño en el ADN mediante radiación UV o exposición a químicos, disparaba el sueño de recuperación en ambas especies. Por el contrario, promover el sueño con la hormona melatonina ayudaba a reducir el daño, demostrando una relación bidireccional entre sueño y reparación neuronal.
El estudio también reveló diferencias en la regulación del sueño: en las medusas, el ciclo luz-oscuridad es el principal regulador, mientras que en las anémonas domina el reloj circadiano interno. Sin embargo, en ambos casos, el sueño es indispensable para disminuir el daño neuronal y el estrés celular.
«Nuestros hallazgos sugieren que la capacidad del sueño para reducir el daño en el ADN neuronal es un rasgo ancestral presente en uno de los animales más simples con sistema nervioso», afirmó Appelbaum.
El sueño, añadió, «pudo haber evolucionado originalmente para proporcionar un periodo consolidado de mantenimiento neuronal, una función tan fundamental que se preservó a lo largo de todo el reino animal».
Los resultados de la investigación, que se publicaron en la revista especializada Nature Communications, también tienen implicaciones directas para los humanos.
De hecho, las alteraciones del sueño están asociadas con deterioro cognitivo y mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson, condiciones que podrían implicar acumulación crónica de daño en las neuronas.
Appelbaum subrayó que el sueño «es importante no solo para el aprendizaje y la memoria, sino también para mantener nuestras neuronas saludables».
«El impulso evolutivo para proteger las neuronas que observamos en medusas y anémonas es quizá una de las razones por las que dormir sigue siendo esencial para los humanos hoy», completó.













