Investigadores de universidades israelíes lograron comprimir en horas un proceso geológico que normalmente tarda miles de años, un avance que podría transformar la captura de carbono en sectores como la energía, el cemento y el acero.
El desarrollo se basa en una idea simple: en la naturaleza, el dióxido de carbono se disuelve en agua de lluvia y atraviesa rocas como la caliza y la dolomita, generando iones bicarbonato que finalmente terminan en el océano.
Es uno de los mecanismos naturales más importantes para retirar CO₂ de la atmósfera, pero es demasiado lento como para influir en el calentamiento global actual.
El equipo, liderado por Noga Moran y Yonaton Goldsmith, de la Universidad Hebrea, y Eyal Wargaft de la Universidad Abierta, construyó un reactor transparente lleno de rocas carbonatadas por donde hicieron circular agua de mar y dióxido de carbono.
Así lograron medir y controlar cada etapa de la reacción, acelerando miles de años de captura natural de CO₂ a una escala de horas.
«Queríamos entender qué ocurre realmente cuando las rocas carbonatadas se enfrentan a niveles elevados de dióxido de carbono, y cómo convertir ese proceso lento en algo controlable», dijo Moran, citada por el Jerusalem Post.
Los investigadores identificaron varios factores clave para mejorar la eficiencia: la proporción entre el dióxido de carbono y el agua de mar, el reciclado suave del gas en el interior del reactor y el tamaño del grano de las rocas utilizadas.
La dolomita mostró ventajas porque no forma carbonatos secundarios que puedan liberar CO₂ nuevamente a la atmósfera. Por ahora, el sistema convierte alrededor del veinte por ciento del dióxido de carbono que ingresa, lo que deja margen para optimizar el diseño.
Según los autores, los resultados de la investigación —publicados en Environmental Science & Technology— podrían servir como hoja de ruta para desarrollar sistemas de captura de carbono basados en materiales abundantes y de bajo costo.
Eso abre la puerta a aplicaciones directas en plantas de energía, industrias cementeras, acerías y fábricas químicas, todas ellas grandes emisoras globales.
A diferencia de las tecnologías de captura convencionales, que suelen requerir solventes caros y mucha energía, esta propuesta se apoya en rocas comunes y agua de mar. Para los investigadores, esa combinación puede facilitar su adopción en instalaciones industriales que buscan reducir su huella de carbono sin encarecer sus operaciones.
La imagen más llamativa del estudio es el propio reactor: una cámara transparente en la que los científicos israelíes lograron reproducir, en cuestión de horas, un proceso natural que la Tierra tarda milenios en completar.













