Actores y actrices de Hollywood lanzaron en el pasado reciente boicots contra la industria israelí del cine, violentos manifestantes en universidades de Estados Unidos pidieron una «Palestina» desde el río hasta el mar, pero las sorpresas nunca acaban: a todos ellos se sumó una academia de pizzeros antisemitas de Roma, los pizzeros pro-palestinos.
Los responsables de la Pizza Italian Academy (PIA) jamás hicieron una declaración política en sus redes sociales. Mai, nessuna. Pero cuando fueron contactados por un joven israelí que quería anotarse en su curso de pizzaiolo, de repente se pusieron geopolíticamente conscientes.
Jonathan, de 23 años, y quien prefirió no dar a conocer su apellido, le contó al portal Ynetnews que escribió al número de WhatsApp de la conocida academia para decirles que había visitado la capital italiana y que sintió «una fuerte conexión» con la pizza al taglio.
«Estoy muy interesado en ampliar mis conocimientos sobre la pizza al estilo romano y llevarlo a Israel a un nivel profesional. Estaré encantado de recibir más detalles sobre tu curso», decía el primer mensaje de Jonathan, un chef profesional especializado en catering y también en pizza, pero estilo napolitano.
A los pocos minutos le llegó la (sorprendente) respuesta: «gracias por su consulta», pero «por el momento decidimos no colaborar con personas u organizaciones con sede en Israel, ya que nuestros valores se alinean con el apoyo a Palestina«.
«Es una pena», pero no se puede estudiar con pizzeros antisemitas
Después de tratar de entender cómo se alinean la mozzarella y los funghi porcini con los palestinos, Jonathan les recordó a los profesores pizzeros que «descalificar a un candidato profesional únicamente por su nacionalidad, presentándose como una institución de educación y oficios, dice mucho. Es una pena».
De hecho, completó, «no me interesa estudiar en una institución que reemplaza el profesionalismo con la discriminación ideológica».
A partir de ahí, el diálogo comenzó a parecerse a una comedia de enredos de Totò o una película más moderna, de Roberto Benigni. Los los expertos en focaccia y piadina romagnola pasaron directamente a la guerra verbal, una especialidad italiana desde siempre.
Según las capturas de pantalla que Jonatan mostró el portal israelí, el vocero de los pizzeros antisemitas contestó: «si eres soldado de las FDI, me enorgullece aún más excluirte y seguir apoyando a Palestina».
Envalentonado a fuerza de pomodoro y orégano, opinó que el joven israelí en particular, y el país en general, llevan «ochenta años ocupando ilegalmente territorio palestino y cometiendo genocidio».
«Deberías estar avergonzado, como todo tu pueblo, y el gobierno italiano también debería estarlo por apoyar a Israel. El gobierno italiano no me representa. Palestina libre», exclamó.
Una academia viral
Obviamente, el escándalo tocó a la puerta de la academia, que consideró oportuno publicar un posteo en Instagram para hundirse todavía más en la esponjosa masa. La publicación es la primera de tono político desde el 2015, cuando arrancó la cuenta en la red social.
Junto a una ilustración que muestra una bandera palestina, los sabios de la margherita -que por supuesto no tienen problemas en seguir haciendo negocios con Estados Unidos, a pesar de que Trump secuestró a un presidente latinoamericano– aseguraron que la escuela es «una institución privada que basa abiertamente su actividad en valores éticos y humanitarios».
Es decir: enseñan a preparar pizza en base a los más altos valores de la humanidad.
Tomando una página del manual del antisemita promedio, juraron que la academia «no discrimina por motivos de religión ni origen étnico y establece una clara distinción entre la identidad judía y las políticas del estado de Israel».
«No tenemos ningún problema con las personas de fe judía», escribieron en Instagram.
Tras una larga perorata sobre derechos humanos, completaron diciendo que no le enseñarán a preparar pizza a Jonathan -que, efectivamente, es un soldado de las FDI- porque «nuestra postura pretende ser un acto de proximidad moral hacia» las víctimas de la guerra en Gaza (ni una mención a Hamas) y «y no una hostilidad hacia individuos basados en su identidad o fe».
Según Ynetnews, La embajada de Israel en Roma intervino en el caso, condenó a la escuela de los pizzeros antisemitas, «ofreció orientación legal y está ayudando a Jonathan a encontrar un lugar alternativo para estudiar artes culinarias».













