Desde que el ataque terrorista de Hamas encendió la mecha de la guerra en Gaza, en octubre del 2023, el gobierno de China evitó pronunciarse con claridad sobre el conflicto, pero ahora se entiende mejor que quiere una porción del negocio de la reconstrucción, y más influencia en la región.
Así se desprende de un detallado informe del portal Globes, según el cual empresas chinas ya ganaron licitaciones clave para proveer viviendas móviles para palestinos desplazados, gracias a subsidios estatales que les permiten ofrecer precios hasta un sesenta por ciento más bajos que sus competidores.
El costo de la reconstrucción de Gaza después de la guerra en la que Hamas sumió al enclave palestino se estima en unos 70.000 millones de dólares, aunque otros cálculos ubican esa cifra por encima de los 120.000 millones.
Con esos atractivos números de fondo, la empresa china Heike, de la ciudad de Qingdao, ganó una licitación de la ONU para el suministro de viviendas móviles, con una oferta entre cincuenta y sesenta por ciento inferior a la del segundo postor, señaló el sitio israelí.
Otra firma, Shandong Weichang, figura entre las más competitivas para un segundo lote de 45.000 casas móviles, aunque gran parte de las ofertas, incluso las palestinas y egipcias, dependen de insumos procedentes de China.
Cubriendo costos
Detrás de esa ventaja hay una estructura de subsidios que Globes describe como «sin precedentes»: Pekín cubre el cien por ciento de los costos logísticos de exportación hasta el 2027 y hasta un cuarenta por ciento del valor de los bienes exportados.
Además, las compañías reciben un reembolso aproximado del quince por ciento sobre los aranceles aplicados en los países de destino, señaló el reporte, basado en documentos producidos por oficinas de las Naciones Unidas.
El esquema también tiene una pata logística. Para optimizar costos y sortear posibles trabas políticas, los componentes de las viviendas se transportan hasta Egipto, donde son ensamblados antes de cruzar hacia la Franja de Gaza.
De esa operación toman parte socios locales con fuerte peso político: Globes menciona a la empresa Abnaa Sinai, controlada por Ibrahim Al-Organi, empresario cercano al régimen del presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi.
La participación de China en la licitación, destacó Globes, «se produce en paralelo a su postura hostil hacia Israel durante la guerra, y no solo a nivel de declaraciones diplomáticas».
Por ejemplo, recordó el portal, el gigante naviero chino Cosco «fue la única gran empresa que acató la exigencia» de los hutíes de Yemen de «no visitar puertos israelíes».
Por otro lado, mientras el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reforzaba su ofensiva sobre el régimen de Teherán, las autoridades de Pekín siguieron «comprando más del 90 por ciento de las exportaciones de petróleo iraní».
Un discurso a medida
Un análisis de la revista Foreign Affairs sostiene que China está aprovechando el conflicto en Gaza para reforzar su papel como potencia mediadora y alternativa al liderazgo estadounidense en la región.
Desde el inicio de la guerra, China reiteró su apoyo a la creación de un eventual estado palestino y a la idea de que «los palestinos gobiernen Palestina». Se trata de un discurso que resuena en varios países árabes que recelan del protagonismo occidental en la región.
En paralelo, la reconstrucción se convierte en una herramienta de soft power: al financiar, construir y proveer, Pekín no solo obtiene contratos lucrativos, sino que consolida lazos políticos y económicos de largo plazo con actores clave de Medio Oriente, señaló la publicación.
El «juego» chino, según Foreign Affairs, combina tres movimientos: mantener una imagen neutral ante el conflicto, aprovechar su músculo económico para ganar contratos estratégicos y ofrecer una alternativa política al marco de alianzas dominado por Washington.
Pekín, afirmó el autor de la nota, Mark Leonard, no está buscando crear en la región una «alianza antioccidental liderada por China, como muchos en Washington parecen creer».
«Mientras que Estados Unidos habla de cómo otros países deberían alinearse con sus posiciones y seguir las normas globales, China se presenta como defensora de un ‘mundo multicivilizacional’ y como socio para el desarrollo y la soberanía», describe Leonard.
«De hecho -concluyó-, el principal argumento de venta de Pekín es precisamente que, en un mundo fragmentado, no obliga a otros países a tomar partido».
Preguntas incómodas
En todo caso, la presencia china en Gaza también plantea preguntas concretas. ¿Qué pasará cuando los subsidios estatales desaparezcan? ¿Hasta qué punto depender de Pekín para reconstruir puede crear nuevas formas de dependencia política y económica?
Para estos analistas, China está apostando por Gaza no solo desde la óptica de la solidaridad internacional, sino con una estrategia de largo plazo que mezcla comercio, diplomacia y construcción de redes de influencia.
Su entrada al negocio de la reconstrucción -se desprende de estos comentarios- puede tener consecuencias profundas para el equilibrio del poder en la región: si logra consolidarse, no solo obtendrá réditos económicos, sino también una posición geopolítica más firme.












