Mucho antes de que los penales atajados y las noches épicas lo convirtieran en un nombre asociado para siempre a la historia del deporte argentino, un futbolista casi desconocido dejó un papel doblado entre las piedras del Muro de los Lamentos, en Jerusalén.
Sergio Goycochea no pidió fama ni campeonatos: su deseo fue mínimo, casi humilde. Cuando visitó el Kotel, en 1990, el arquero simplemente se sumó a la lista de los cientos de miles de personajes internacionales que se acercan a la capital de Israel con sus ambiciones y pedidos.
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Sin embargo, según reveló el futbolista retirado durante una reciente entrevista, la relación entre el papelito que dejó en el Muro de los Lamentos y el despegue de su carrera es nada menos que impactante.
«Es muy fuerte, nunca lo conté», confesó el portero que pasó por River Plate y Racing Club en Argentina, el Brest francés y el Inter de Porto Alegre y que, después de colgar los botines, se transformó en modelo y presentador televisivo.
Los jugadores del seleccionado argentino llegaron a Israel en mayo de 1990, pocas semanas antes del arranque de la Copa del Mundo en Italia, donde la albiceleste iba a defender el título obtenido cuatro años antes en México de la mano de Diego Maradona.
Las cábalas de Bilardo
Se trataba de la repetición de una cábala: el equipo había pasado por Israel también antes del mundial en tierras aztecas y su entrenador, Carlos Bilardo, un genial obsesivo del fútbol, casi científico, pero también muy supersticioso, decidió que había que volver.
La excusa fue un partido amistoso contra el combinado local, que se disputó en Tel Aviv y terminó con un modesto 2-1 para los argentinos que palidecía frente al 7-1 de 1986.
De todas maneras, seguramente para Bilardo y muchos de los futbolistas, el partido contra los israelíes era lo de menos: lo importante era cumplir con la cábala. Las cosas no salieron tan mal, ya que Argentina llegó a la final de manera milagrosa y estuvo muy cerca de la Copa, que tristemente quedó en poder de Alemania.
Justamente, uno de los artífices del milagro de la llegada a la final de un equipo diezmado por lesiones y suspensiones fue su arquero, Goycochea. Y, si se trata de milagros, es difícil no conectar los datos después de su confesión.
Esquivando el destino suplente
Aquel equipo argentino, donde se lucían Maradona, Claudio Caniggia (quedó afuera de la final por acumulación de tarjetas amarillas) y Jorge Burruchaga, tenía un arquero titular indiscutido, Nery Pumpido.
Con esa certeza en mente, Goycochea escribió en el papel que dejó en el Muro de los Lamentos un deseo modesto pero un poco egoísta. «Yo puse: ‘por favor, quiero jugar, aunque sea, un partido del Mundial'», rememoró durante la entrevista de diciembre del 2025.
«Eso fue antes del Mundial 90, a fines de mayo. Nunca lo conté. Yo quería, aunque sea, tener esa sensación de jugar algún partido», agregó.
¿Y qué ocurrió? En el segundo partido de Argentina en Italia, contra la Unión Soviética, Pumpido sufrió una grave lesión en un choque contra uno de sus compañeros de equipo, una fractura de tibia y peroné que lo dejó afuera del torneo.
En reemplazo entró Sergio Goycochea, el arquero suplente, el futbolista argentino casi desconocido que había pedido en el Muro de los Lamentos poder disputar aunque sea un partido en la Copa del Mundo.
Y si bien ningún jugador se alegra de tener su oportunidad por la desgracia de un compañero, el portero entró para lucirse y conducir a su seleccionado hasta la final gracias a excepcionales reflejos que le permitieron detener penales cruciales frente a Yugoslavia (cuartos de final) e Italia (semifinal).
El nacimiento de un mito
«La anécdota, compartida en la antesala de una nueva Copa del Mundo, suma una dimensión humana y casi mística a la leyenda de Goycochea con la selección argentina», comentó la prensa del país sudamericano.
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Curiosamente, esta vez la selección no viajará a Israel antes de mudarse a Estados Unidos para defender el título logrado en Qatar 2022 con las genialidades de Leo Messi y compañía.
Después del exitoso ciclo de Bilardo, esa costumbre se repitió solo dos veces más: antes del mundial de 1994, que terminó con el escandaloso caso de dóping de Maradona, y en la previa de Rusia 2018, un torneo donde Argentina mostró un muy flojo nivel.













