Un estudio israelí demostró que activar la mente mediante la anticipación positiva puede beneficiar la salud en general y, puntualmente, fortalecer la respuesta inmunitaria a una vacuna.
No se trata solo de «pensamiento positivo»: hay un mecanismo medible que conecta la mente con las defensas del cuerpo, señalaron los científicos.
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Del experimento participaron ochenta y cinco voluntarios sanos repartidos en dos grupos: uno trabajó con el laboratorio de la profesora Talma Hendler y el otro con el equipo de la profesora Asya Rolls, en la Universidad de Tel Aviv.
Algunos voluntarios se sometieron a un entrenamiento cerebral especial mediante neurofeedback fMRI, un método que permite a las personas aprender, en tiempo real, a regular la actividad en regiones cerebrales específicas mediante el aprendizaje reforzado.
El objetivo del entrenamiento cerebral era aumentar la actividad en una región clave del sistema de recompensa del cerebro, incluyendo el Área Tegmental Ventral (ATV), responsable de la liberación de dopamina en el contexto de la actividad mental relacionada con la expectativa de resultados positivos y la motivación para obtener recompensas.
Se instruyó a los participantes para que modularan su actividad cerebral mediante diversas estrategias mentales (por ejemplo, pensamientos, sentimientos y recuerdos) mientras monitoreaban la retroalimentación positiva sobre la estrategia que les resultó eficaz para regular su cerebro.
Inmediatamente después de completar el entrenamiento cerebral, todos los participantes recibieron la vacuna contra la hepatitis B. Los investigadores rastrearon la respuesta inmunitaria mediante una serie de análisis de sangre, midiendo los niveles de anticuerpos específicos producidos tras la vacunación.
Más anticuerpos
Los resultados, que se publicaron en la revista científica Nature Medicine, mostraron que los participantes que lograron aumentar significativamente la actividad en la región de recompensa del cerebro también mostraron un mayor aumento en los niveles de anticuerpos tras la vacunación.
La asociación fue específica del ATV y no se observó en otras regiones cerebrales utilizadas para el control (como el hipocampo), ni en otras áreas del sistema de recompensa vinculadas a diferentes experiencias relacionadas con la recompensa, como el placer y la satisfacción.
En otras palabras, señalaron las investigadoras israelíes, el efecto fue específico tanto anatómica como mentalmente.
Además, un análisis exhaustivo de las estrategias mentales que los participantes emplearon durante el entrenamiento del ATV (y no de otras regiones) reveló que quienes se centraron en la anticipación positiva (emoción, creencia en un buen resultado o la expectativa de que algo positivo estuviera por suceder, como una comida favorita o una reunión largamente esperada) lograron mantener una mayor actividad en esa región cerebral a lo largo del tiempo, lo que también se asoció con una mejor respuesta inmunitaria.
De esa manera, los científicos identificaron una relación entre la actividad cerebral del sistema de recompensa, un estado mental de anticipación positiva y la respuesta del organismo a un desafío inmunitario.
Más placebo que New Age
Según el equipo de investigación, no se trata de «pensamiento positivo» en el sentido popular ni de un eslogan New Age, sino de un mecanismo neurobiológico medible, relacionado, entre otras cosas, con el conocido efecto placebo en medicina (una respuesta terapéutica que trasciende una intervención médica específica).
«Demostramos que los estados mentales tienen una clara huella cerebral, y que esta huella puede influir en sistemas fisiológicos como el sistema inmunitario», aseguraron en un comunicado.
Desde las universidades subrayaron que el estudio «no propone un sustituto de las vacunas ni de los tratamientos médicos», sino que «abre la puerta a nuevos enfoques no invasivos que, en el futuro, podrían fortalecer la respuesta inmunitaria, mejorar la eficacia de los tratamientos médicos e incluso contribuir a campos como la inmunoterapia y el tratamiento de patologías inmunitarias crónicas».
También señalaron un mensaje más amplio: «la conexión mente-cuerpo no es un mero concepto teórico, sino un proceso biológico real que puede medirse, entrenarse y, potencialmente, aprovecharse para promover una mejor salud».
«Nuestro estudio demuestra que el cerebro no solo es un sistema que responde al estado de salud del cuerpo, sino también un actor activo que lo influye», afirmaron las profesoras Hendler y Rolls, quienes contaron con la colaboración del doctor Nitzan Lubianiker y la doctora Tamar Koren.
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La capacidad de activar conscientemente los mecanismos cerebrales asociados con la anticipación positiva «abre un nuevo camino para la investigación y futuros tratamientos, como complemento a la medicina existente, no como un sustituto«, agregaron las expertas.
En el futuro, completaron, «podría ser posible desarrollar herramientas sencillas y no invasivas para ayudar a fortalecer la respuesta inmunitaria y aumentar la eficacia de los tratamientos médicos, aprovechando la capacidad natural del cerebro para influir en el organismo».













