¿Puede una fina capa de cera ser más efectiva que los químicos tradicionales? Un equipo internacional de científicos liderado desde el Technion desarrolló una tecnología pionera inspirada en el loto y el brócoli que promete reducir a la mitad el uso de pesticidas en la agricultura global.
Según reportes de la ONU, las enfermedades vegetales destruyen cerca de un tercio del rendimiento agrícola mundial, provocando pérdidas anuales que superan los 70.000 millones de dólares.
Ante este escenario, la nueva tecnología SafeWax surge como una alternativa sostenible a los métodos tradicionales que dependen de pesticidas químicos.
El proyecto, coordinado por el profesor Boaz Pokroy y la profesora Ester Segal, del Technion, contó con la participación de la Universidad de Bolonia, el Instituto Francés de la Vid y el Vino, y las organizaciones BASF y Eurofins.
A diferencia de los químicos tóxicos, SafeWax se aplica mediante un simple spray que crea una capa delgada, uniforme y biodegradable de material superhidrofóbico sobre la superficie de la planta. Esta barrera impide de forma pasiva que las esporas de los hongos germinen, inhibiendo así el desarrollo de enfermedades.
La inspiración para este sistema es la cutícula, la capa cerosa natural que permite a plantas como el loto autolimpiarse y repeler bacterias y otros contaminantes.
Un método probado en tomates y bambú
En los experimentos dirigidos por la doctora Iryna Polishchuk, también de la universidad israelí, la tecnología fue testeada con éxito en cultivos de tomates, pimientos, vides y bambú, demostrando ser efectiva sin alterar la fotosíntesis.
El recubrimiento, afirmaron los científicos, bloqueó la radiación UV intensa, protegiendo al cultivo del calor y retrasando su deshidratación, utilizando ácidos grasos derivados de desechos alimentarios.
Los investigadores estimaron que esta innovación podría recortar el uso de agroquímicos en al menos un 50 por ciento.
Según el profesor Pokroy, «esta es una alternativa ecológica, eficiente y multifuncional para la protección de cultivos, especialmente en vista de los desafíos que el cambio climático plantea a la agricultura moderna».
El académico concluyó que, «más allá de proporcionar una defensa pasiva contra las enfermedades, mejora la resiliencia ambiental de las plantas y reduce la huella ecológica del cultivo de cosechas».
Los resultados del estudio fueron publicados, en inglés, en la revista especializada Small.













