Un equipo de científicos israelíes resolvió un misterio de la naturaleza: ¿cómo hace un coral para mover sus tentáculos con un ritmo perfecto si no tiene un cerebro que los controle? La respuesta está en una red inteligente de células que permite que cada parte actúe sola, pero en total sincronía con las demás.
Los hallazgos del estudio conjunto de la Universidad de Tel Aviv y la Universidad de Haifa fueron calificados como «sorprendentes» y sus líderes aseguraron que podrían incluso cambiar nuestra comprensión del movimiento en el reino animal en general, y en los corales en particular.
El misterio del coral Xenia umbellata
Puntualmente, el equipo descubrió que el coral blando Xenia umbellata, uno de los corales más espectaculares de los arrecifes del Mar Rojo, impulsa los movimientos rítmicos de sus ocho tentáculos mediante un sistema de «marcapasos neuronal» descentralizado.
En lugar de depender de un centro de control central, una red de neuronas distribuida a lo largo del tentáculo del coral permite que cada uno realice el movimiento de forma independiente, logrando al mismo tiempo una sincronización precisa y colectiva.
«Es como una orquesta sin director», explicó la profesora Tamar Lotan, de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad de Haifa, y una de las líderes del trabajo junto al profesor Yehuda Benayahu y la estudiante de doctorado Elinor Nadir, de la Universidad de Tel Aviv.
Cada tentáculo, siguió Lotan, «actúa de forma independiente, pero de alguna manera logran ‘escucharse’ mutuamente y moverse en esa perfecta armonía que tanto cautiva a los observadores».
Se trata, remarcó, de «un modelo completamente diferente de cómo entendemos el movimiento rítmico en otros animales».
Una red inteligente en lugar de un cerebro
Los corales de la familia Xeniidae son conocidos por sus movimientos hipnóticos: la apertura y el cierre cíclicos de sus tentáculos. Sin embargo, hasta ahora no se sabía con certeza cómo lo hacían, o cómo podían mantener los movimientos incluso después de cortes en sus tentáculos.
Para entenderlo, los investigadores realizaron análisis genéticos avanzados y examinaron la expresión génica en diferentes etapas de la regeneración de los tentáculos tras la separación del coral.
Así descubrieron que el coral utiliza los mismos genes y proteínas implicados en la transmisión de señales neuronales en animales mucho más complejos, incluyendo receptores de acetilcolina y canales iónicos que regulan la actividad rítmica.
El origen de los latidos del corazón
Según los investigadores, este descubrimiento sugiere que el origen de los movimientos rítmicos —que nos resultan familiares por los que subyacen a la respiración, los latidos del corazón o la marcha— es mucho más antiguo de lo que se creía.
Los corales estudiados demostraron cómo el movimiento coordinado puede surgir de un sistema simple y distribuido, mucho antes de que se desarrollaran sofisticados centros de control en el cerebro de animales avanzados, destacaron los expertos israelíes.
Es «fascinante» llegar a la conclusión de que los mismos componentes moleculares que activan el ritmo del corazón humano «también actúan en un coral que apareció en los océanos hace cientos de millones de años», dijo Benayahu.
El coral estudiado «nos permite remontarnos a los albores de la evolución del sistema nervioso en el reino animal» y «demuestra que el movimiento rítmico y armonioso puede generarse incluso sin cerebro, gracias a la extraordinaria comunicación entre células nerviosas que actúan juntas como una red inteligente», añadió.
Benayahu subrayó que este estudio «aporta un importante nivel de conocimiento sobre las maravillas del mundo animal de los arrecifes de coral en general, y de los corales en particular, y subraya la necesidad primordial de preservar estos extraordinarios ecosistemas naturales».













